sábado, 3 de febrero de 2018

La ola conservadora avanza por distintos y a veces sorprendentes senderos.


La ola conservadora avanza por distintos y a veces sorprendentes senderos.

Rafael Cuevas Molina / Presidente AUNA-Costa Rica

A propósito del hecho de que en Costa Rica habrá elecciones presidenciales el próximo domingo 4 de febrero, y que el mismo día en Ecuador se llevará a cabo el referéndum convocado por el gobierno de Lenin Moreno, no podemos sino reflexionar sobre los caminos diversos, a veces sorprendentes, por los que las posiciones conservadoras se cuelan en la política latinoamericana y asume posiciones  protagónicas.

El caso de Costa Rica tal vez ya no es tan sorprendente, y más bien lo que hace es venir a reafirmar una tendencia que se viene perfilando desde hace algún tiempo, pero que no es sino hasta ahora cuando salta con toda evidencia: el cada vez mayor protagonismo de los cristianos conservadores en la vida política.

Los cristianos evangélicos se han ganado sus nuevas posiciones protagónicas a pulso, con trabajo sistemático y perseverante, llenando muy variados vacíos que van dejando el anquilosamiento y la descomposición de la Iglesia Católica, el desamparo en el que deja el Estado a grandes grupos sociales al orientarse bajo las políticas neoliberales, el vacío de sentido que provoca la omnipresente sociedad de consumo, o el desplome del sistema de los partidos políticos.

Importantes grupos sociales han encontrado refugio, consuelo y apoyo en los grupos que se congregan -en cualquier barrio, en cualquier pequeña aldea o pueblo- alrededor de alguna pequeña iglesia evangélica. Desde el adicto que no puede dejar el crack hasta el empresario que siente que su vida ha perdido sentido en medio de las carreras estresantes a las que lo orilla su búsqueda de lucro. De ahí la vinculación incondicional de los fieles con estas iglesias.

Y si, paralelamente, en esos mismos grupos sociales va creciendo sin parar una inconformidad, una frustración, un no encontrar salida a problemas sociales, políticos, económicos y de cualquier otra índole, no es más que cuestión de tiempo para que ambos vectores se encuentren.

No olvidemos, tampoco, que el cristianismo ha jugado siempre en América Latina un papel de primer orden. En nuestra historia más reciente, recuérdese a los cristianos progresistas de los años sesenta y setenta conformando las organizaciones de base de procesos políticos que luego desembocarían en la Revolución Sandinista o el ascenso de las masas insurrectas en El Salvador.

Ahora la tortilla se ha dado vuelta y no es casualidad. En Centroamérica ya ha quedado bien documentado el papel que jugaron los Estados Unidos en la penetración de estas sectas. Y, como dijo la investigadora norteamericana Sussan Jonas refiriéndose a Guatemala, en estos casos se trató de un “plan piloto” para todo el continente.

A través de los canales que han abierto estas sectas penetra la nueva ola conservadora, con una base que a los partidos tradicionales les costaba mantener últimamente cuando sus reiteradas promesas se mostraban vacías.

Pero esta ola conservadora que parece entronizarse en América Latina llega de muchas formas, a veces subrepticiamente, “tan callando”, como dice el poeta. Ese parece ser el caso del Ecuador. De la sepa misma del progresismo que hizo carrera en los últimos años se desgaja en Ecuador lo inesperado.

Lo que ocurre en el Ecuador ha dejado pasmado a más de uno porque nadie lo esperaba. Por cierto que quien suscribe estas líneas firmó, unos pocos días antes de las elecciones en las que salió por poco electo Lenin Moreno, una carta que lo respaldaba junto a muchos otros intelectuales, artistas y políticos latinoamericanos. Pero Lenin Moreno decidió, de pronto e inmediatamente que asumiera el poder, distanciarse de su predecesor, perseguir a algunos de sus más cercanos colaboradores y establecer lazos cercanos con quienes fueran sus opositores de derecha en las elecciones.

El próximo domingo se realizará el en referéndum que parece construido ex profeso para vetar de la vida política del Ecuador a uno de los más prominentes dirigentes latinoamericanos de los últimos tiempos, Rafael Correa.

Es muy posible que en ese referéndum las tesis impulsadas por el gobierno de Moreno salgan gananciosas, porque a favor suyo está una parte del partido que lo llevó al poder, Alianza País, al que se suman los que antes fueran sus contendores de derecha.

Ganará Moreno, seguramente, pero la historia le cobrará la deslealtad no solo con Correa sino con el proyecto que con tanta ilusión vimos crecer en Ecuador durante los últimos diez años.

La ola conservadora avanza por distintos y a veces sorprendentes senderos.


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